Hikari Ōe nació en 1963 con hidrocefalia. Su única posibilidad de supervivencia pasaba por practicarle una difícil intervención que implicaba seccionar una parte de su cerebro, lo que le causaría daños severos e irreversibles.

El niño sobrevivió a la intervención, pero con graves secuelas permanentes: epilepsia, problemas importantes de visión y motricidad y autismo, no hablaba, no se comunicaba de ninguna forma y apenas se movía. “Era como una flor preciosa”, decían sus padres.

Su madre descubrió que Hikari mostraba alguna respuesta cuando oía cantar a los pájaros, así que le compraron un disco en el que se catalogaba el trino de unas 70 aves diferentes. Un tiempo después, Hikari pronunció su primera palabra: fue en un parque, al oír el canto de un pájaro. Dijo el nombre del pájaro. Había memorizado e identificado todos los sonidos del disco. Sus padres se dieron cuenta de que también identificaba composiciones musicales, así que buscaron una profesora de música para su hijo. Primero le enseñó melodías sencillas que él pudiera repetir con un dedo en el piano, pero pronto se dio cuenta de que Hikari aprendía muy rápido, por lo que decidió dejar de dar clase a sus otros alumnos para concentrase en el trabajo que estaba haciendo con él,  así fue que Hikari empezó a componer sus propias piezas musicales.

Aquí va un link para deleitarse con una de sus obras.