Se trata, en realidad, de una variante del síndrome de Diógenes, asociado a aquellos individuos que acumulan basura y objetos inútiles. 

Esta patología lleva al paciente a acumular en  su casa un número desmesurado de animales de compañía a los que no les da ningún tipo de atención.
Estos individuos no reconocen que sus animales están mal incluso ante niveles críticos y evidentes de desnutrición, deshidratación, infestación parasitaria, proliferación de enfermedades, ataques entre los animales, canibalismo y cría incontrolada, todo ello en un espacio lleno de cosas, orinas y heces.
Cualquier animal puede ser víctima de estas personas  aunque los gatos son los más afectados ya que son los más fáciles de capturar y conviven mejor en grupo que los perros.
Quienes la padecen tienen la necesidad compulsiva de poseer muchos animales de compañía, más allá del límite en el cual pueden atenderlos de forma mínima. Generalmente se  oponen ferozmente a separarse de ninguno de sus animales,   tampoco aceptan entregarlos en adopción o sacrificarlos en los casos que están gravemente enfermos (en casos extremos tampoco quieren separarse de los cadáveres una vez que los animales mueren).
Si bien no  existe un protocolo estandarizado específico para el síndrome de Noé se puede tratar con fármacos y con terapia cognitivo-conductual, aunque lo ideal es una intervención multidisciplinaria (incluyendo las áreas de protección animal, bienestar social y salud pública).